Si hay futuros creadores, debemos conocerlos.

No me gusta escribir en primera persona, pero este caso lo amerita porque he decidido compartir con los lectores y lectoras una experiencia que pensé no tener a través de las redes sociales. Sentí lo que siento a menudo al caminar por las calles barcelonesas, son ellas las testigos de mis reacciones ante los estímulos lúdicos e informales que se me van presentando en el transcurso de un camino que comienza y termina sin un destino fijo. Ellas saben lo que valoro el estar-estando, el ir sin destino, en deriva, cambiando constantemente el rumbo hacia caminos que nunca recorridos. Son los barrios y sus vecinos/as los que alimentan la experiencia con sus ritmos, sus múltiples usos del espacio público y sus pequeñas y muy locales tiendas. Es lo lúdico, lo espontáneo, el gris o el color y la diversidad en iluminaciones al pasar una cuadra o un barrio lo que me lleva a añorar in situ la experiencia present. Pensaba que no era posible recibir estos estímulos de otra manera que no fuera teniendo los pies en el pavimento, perdiendo el balance por sus inclinaciones, retrasando el paso por las texturas mientras el olfato se dedica a identificar y categorizar los olores que salen de la calle o los comercios.

Mi percepción o la forma en que entendía una parte del mundo cambió. Ha sido uno de esos momentos donde me vinieron dos cosas a la cabeza, la primera fue encontrar la sorpresa de que me sigo descubriendo y conociendo a través de reacciones y pasiones. Entendí que los estímulos simples  pueden ser los más que llamen la atención y los que opten por quedarse en la memoria para siempre, o al menos por un buen rato. La segunda es que rompí con el mito de que para tener una experiencia urbana hay que estar físicamente en el lugar. Pues sí, tengo al lugar en cuestión amarrado al alma como muchos y muchas que conocemos su potencial, su importancia histórica y su innegable riqueza, fruto de su diversidad y heterogeneidad. Se trata del centro urbano de Río Piedras, sede de la Universidad de Puerto Rico, de escuelas públicas, mercados, librerías, centros culturales, bares, restaurantes, y de la vida de muchos ciudadanos/as.

Comenzaré con una breve narración.

Una mañana entré, como tenemos de costumbre, al famoso Facebook. Haciendo las revisiones cotidianas me topé con un pequeño álbum de imágenes coloridas, lúdicas, niños y niñas participando en la calle, sembrando esperanza y pasión a través de una serie de intervenciones urbanas. Estas intervenciones embellecían de muchas maneras el Paseo de Diego, un paseo que tiene algunas secciones peatonales y que disfrutaba de un gran número de comercios que por muchos años eran el destino principal de los puertorriqueños y puertorriqueñas. El Paseo de Diego ha sido testigo y forjador de muchas historias, me las contaba al salir de la escuela mi bisabuela, y seguro que todos nos hemos sentado a escuchar los relatos de cómo era la vida en los mejores y más avivados tiempos en el Paseo. Estas historias y trasfondos nos pueden hacer tener más -o menos- empatía con lo que viene a continuación. De igual manera, apostaré por que sí interese y sea apreciado.

Continúo con la historia. La intervención de estos jóvenes me hizo ver una belleza física que hacía muchos años dejé de ver en Río Piedras. Mejoraron efímeramente su estética y esto me hizo ver que la belleza más prometedora de todas (la que perdura) es la conspiración de estos jóvenes para intervenir en la ciudad, limpiar el(su) espacio público y dotarlo de nuevos sentidos. Estas fotos me hicieron pensarme en el Paseo de Diego, feliz y estudiosa de cada detalle, guardándolo con cuidado y alta responsabilidad en la memoria. Pensé –y pienso- en aquellos y aquellas que, en el deber del andar, se toparon con los colores que fueron dejados para ellos. Algunos lo habrán notado, otros se habrán sorprendido y otros le habrán tomado fotos para las redes (como hizo mi contacto, a quien le agradezco inmensamente su aportación por parte de los que estamos en otras coordenadas). Es triste ver como las circunstancias urbanas actuales han hecho que el ciudadano de a pie perdiera de vista el color en las calles y las caras de sus andantes, los letreros del Paseo de Diego se han caído o marchitado, las puertas de muchos comercios no han vuelto a abrir y la vibración parece una cosa que se acerca a lo extraño y desconocido en ese punto geográfico. Es un juego salir de lo rutinario y aburrido de una ruta o un camino y avistar en el horizonte colores amarillos, rojos y violetas que se alzan como gritando ¡PRESENTE! ¡AQUÍ ANDO! ¡MÍRENME! Imagino a los que se pudieron acercar dudosos, como coqueteando con la incertidumbre del encuentro y por fin llegaron al punto de confirmar que en efecto la ciudad juega con ellos, la calle les sonríe y la ruta de hoy no es igual a la de ayer. Estos colores se tratan de las jardineras de siempre, las que separan al peatón del carro, pero algo ha cambiado, hay en ellas unos huertos y sus frutos están hechos de materiales reciclados. A los colores se le suman mensajes de los valores que estos jóvenes creyeron meritorio recordarnos.

Veo esta intervención como una bandera que llamada la atención, y entiendo que es nuestro deber, como ciudadanos y ciudadanas, prestársela. En primer lugar, intrigarnos por conocer de dónde salen estos jóvenes que se han encargado de agitar o desacelerar nuestros pasos, que nos han permitido sentirnos niños/as otra vez y nos han dejado claro un reclamo: hay una necesidad de espacio público y quieren disfrutarlo, crear en él y que él los cree a ellos. ¿Acaso no debemos querer eso todos? Estos jóvenes nos piden que pensemos un poco más en los comercios locales, en los residentes, en los universitarios, en los consumidores y definitivamente que pensemos más en nosotros mismos y la forma en nos relacionamos con y en la urbe, a veces disfrutándola o otras desentendiéndonos de lo que allí pasa. En todo caso, hemos ido postergando cualquier retorno a la vida urbana en el centro urbano de Río Piedras y debemos acompañar en el mensaje-acción a los futuros creadores de ciudad entendiendo que ellos tienen y reclaman su derecho a disfrutar de una ciudad limpia, ordenada y muy viva.

Vi como un deber omunicarle a los lectores y lectoras en lo que ha consistido este proyecto que me ha atrapado tanto y por el que estoy aquí escribiendo estas líneas.  Todo nace del campamento de verano Futuros Creadores de Río Piedras de la Casa de Cultura Ruth Hernández Torres de Río Piedras. Lo descubrí, desde el otro lado del Atlántico, gracias a la amabilidad y completa disposición de Gisela Rosario Ramos, Coordinadora de Eventos Culturales. Gisela rápidamente se mostró entusiasmada con la idea, contestando mis preguntas y cumpliendo con mis deseos de poder escribir algo sobre lo que han hecho durante este verano.

El campamento de verano, de este año 2014, ha creado cuatro proyectos interesantísimos que van desde una intervención pública llamada Crea Tu Mantra,  dos instalaciones grandes y una acción de performance. Haré una breve descripción de cada uno de ellos para que veamos la consistencia que tienen los mismos en lo que compete al reclamo por el espacio público. El primer proyecto, Crea Tu Mantra, consistió en generar un mensaje positivo, alentador, chistoso para los peatones de la Avenida Juan Ponce de León, particularmente en el área del centro urbano de Río Piedras. Es un sector de Río Piedras que se mantiene comercial y urbanamente activo por los pequeños negocios, librerías y lugares de comida. Se escogieron los lugares para colocar los mantras e incluso comerciantes estuvieron de acuerdo en que los pegaran en sus negocios.

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El segundo proyecto de mayor escala fue un mural en dos verjas metálicas que se encuentran al comienzo de la Avenida Ponce de León, punto estratégico por ser una de las puertas del centro urbano de Río Piedras. Este mural se hizo utilizando materiales reciclados, mayormente plástico y las bandejas de aluminio en las que les entregaban el almuerzo a diario en el campamento. El proceso de diseño del mural fue el resultado de reflexiones sobre la experiencia de un recorrido ofrecido por Julio Vallejo, quien dirigió el proyecto Puente a Puente, una iniciativa de siembra, arte e investigación y la recolección de datos históricos de los puentes de Río Piedras y sus comunidades aledañas. Los jóvenes estuvieron trabajando en el mural aproximadamente cuatro días.

3 diseñamos1 clasificamos materiales

6 instalando

11 los muchachos del barrio venezuela caminan a su casa

Para el próximo proyecto decidieron intervenir en las jardineras del Paseo de Diego, una calle con un historial comercial, urbano, económico y cultural muy importante para Puerto Rico. Esto lo hicieron luego de la reflexión sobre el uso del espacio público de Río Piedras durante el verano, que evidentemente merma la presencia universitaria y se apodera de las calles un silencio-vacío que se desea remediar. El Centro Cultural cuenta con la presencia y el trabajo de Natalia Muñoz Paraliticci, quien actualmente estudia e investiga diferentes disciplinas de construcción ecológica para trópico y trabaja como gestora y diseñadora en proyectos como El Departamento de la Comida y Acción Camandular, ambas iniciativas locales que impulsan el desarrollo cultural y agroecológico del país. Natalia nos cuenta sobre esta intervención que: “El grupo de trabajo se fijó en las jardineras olvidadas y llenas de basura y es por esto que decidieron intervenir en ellas, con la intención de dar vida, nuevas formas y colores a una sección del Paseo de Diego”

1 limpiamos las jardineras

24 recorrido final

19 instalación

22 recorrido final

El performance, cuenta Natalia, surgió en el proceso, ya que las jardineras han tenido poco riego de agua por la sequía y no hay iniciativa pública que las riegue, decidieron hacer una intervención efímera donde las regaron en una procesión silente. Hicieron una línea, cada joven cargando con un galón de agua intencionada. Lo de intencionada surgió de una pregunta que se le hizo a los jóvenes: ¿Qué quieren darle a Río Piedras?, y cada uno de ellos escribió su respuesta en el contenedor de agua, procedieron en silencio a regar las jardineras.

14 acciónEs maravilloso ver lo que pueden hacer jóvenes activos, políticos y críticos, que no se han conformado con el encierro por la criminalidad, o con emplear su tiempo aislados en las tecnologías. Ellos y ellas han decidido que quieren manifestarse, que quieren hacerse notar y con su simpatía y creatividad han reivindicado su derecho a la ciudad. ¡Bravo por ellos y por ellas! ¡Bravo por quienes los guiaron en la hermosa gesta! ¡Gracias por darnos color y apostar por la sorpresa! Ahora nosotros debemos dejarnos guiar por la inocencia, la creatividad y la espontaneidad para alcanzar una meta común: Recuperar la ciudad y repoblar sus espacios arrebatándoselos al silencio y al vacío.

Agradezco nuevamente a la  Casa de Cultura Ruth Hernández Torres de Río Piedras, por su colaboración, por su entrega, por las fotos, por los relatos y por creer en la juventud.

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