La sequía inundada.

La sequía inundada.

La crisis del agua -ya sea por su ausencia o por su exceso- no es un asunto absoluto, hay una gran estructura de -mala- gestión que se ha construido a base de una ética cuestionable que deriva en irresponsabilidades y el más nefasto incumplimiento de una filosofía de justicia social.  Hay escritores que afirman que los conceptos como: recursos y escasez solamente tienen significado en un contexto social y cultural en particular. “La escasez ha sido producida y controlada en la sociedad”, afirma David Harvey. “Hablar de escasez como una condición absoluta de la que derivan las instituciones económicas es, por consiguiente, emplear una abstracción que sólo sirve para oscurecer la cuestión de cómo está organziada la actividad económica”. (Pearson, 1957) Partiendo de estos dos puntos, y viendo la escasez como cosa construida y, al mismo tiempo, un asunto del que toman decisión aquellos que lograron llegar a un acceso privilegiado sobre medios de producción, encontramos que nos quedan muchas aspectos sociales, económicos y políticos que conquistar. Veamos, la falta de alcantarillado que cumpla con una lógica topográfica y con una limpieza básica para su funcionamiento, la construcción de viviendas en zonas inundables, la falta de dragado en los embalses, el inexistente patrocinio de recolecta de agua de lluvia (donde en un país tan suburbano, un gran por ciento de la población tiene techos de donde recoger), el derroche de agua por mala gestión de la infraestructura, etc., son ejemplos clarísimos de que estamos frente a una gestión y unos actores políticos que no es que desconozcan la situación o sus diversas soluciones a mediano y largo plazo, es que le sirven a unos intereses privados y utilizan la escasez como un medio para perpetuar determinados privilegios. No es que no tengan acceso a la información, es que la ignoran con todas las intenciones de perpetuar las carencias que se reflejan en la distribución territorial y económica y que mantienen el status quo. Es difícil pensar que si muchas soluciones, por pequeñas o grandes sean, pueden ser aplicables en nuestro territorio, sigamos padeciendo una de las necesidades más básicas para la vida como lo es el agua. Y, con esto, regreso al inicio, no se trata meramente de una sequía, como si fuera poco, estamos en el epicentro de una antítesis entre sequía e inundación. Y esta contraposición nos llega de la noche a la mañana, tan literal como la propia frase lo advierte. Cuando una mañana, mientras tomamos el café (si nos quedó un poco de agua del candunguito de ayer) nos pensamos en medio de una sequía y a las dos de la tarde ya nos están advirtiendo de inundaciones, hay algo que, realmente, fue pésimamente pensado.

La existencia de este fenómeno nos lleva a seguir cuestionando -cada vez más- la gestión de nuestros recursos naturales, las infraestructuras creadas para ello y las medidas empleadas para mejorar su condición. Estamos viendo los movimientos pendulares e inacabables de una mala gestión que, lejos de soltar las cuerdas que la siguen moviendo de un lado a otro -sin cambios y sin destino-, se aferra a la base del péndulo rechazando la adopción de una nueva ética que trascienda en un cuestionamiento crítico y de la que aflore una nueva visión sobre la estructura institucional encargada de una gestión responsable de los recursos naturales y de su justa distribución entre la población. Lo cortoplacista del pensamiento y gestión de lo público no debe condicionarnos a asumir individualmente esta concepción temporal como única opción. Reclamar un pensamiento y una gestión a largo plazo debe ser nuestra conquista y nuestro legado como mujeres y hombres políticos. Por lo tanto, mis críticas no caen en los hombros de quienes, sin remedio,  gestionan a corto plazo determinada crisis -en este caso, la sequía-inundada-, sino a quienes, hoy por hoy, se encuentran en posiciones de poder y continúan repitiendo ad nauseam las estrategias de gestión que no solamente no han rendido frutos, sino que han empeorado históricamente la búsqueda de un funcionamiento racional de los procesos sociales y ambientales y su relación en determinado contexto histórico y geográfico.

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